Columna de Análisis por Paola Andrea Trujillo
Directora Académica Alianza Educativa
En Alianza Educativa partimos de una convicción: los estudiantes primero aprenden a leer y luego leen para aprender, comprender el mundo y ampliar sus oportunidades de vida. La lectura no es un área más del currículo; es la base que hace posible el aprendizaje en todas las áreas y una condición fundamental para avanzar en la trayectoria educativa. Mientras en el país enfrentamos un “embudo educativo”, donde de cada 100 estudiantes que ingresan a primero solo 7 logran graduarse de la universidad, en Alianza Educativa estamos transformando esa trayectoria en una verdadera escalera de oportunidades.
El desafío es global y urgente. Según el informe Enseñanza eficaz de la lectura en países de ingresos bajos y medios: lo que muestra la evidencia (2024), elaborado por expertos convocados por el Banco Mundial, UNICEF y la FCDO —respaldado por el Panel Asesor Global sobre Evidencia Educativa (GEEAP)—, cerca del 70% de los niños de 10 años en estos contextos no logra leer y comprender un texto sencillo, lo que se conoce como pobreza de aprendizaje. En Colombia, los resultados de las Pruebas Saber 2023 en grados 3° y 5° muestran que una proporción significativa de estudiantes no alcanza los niveles esperados de desempeño en lectura, lo que evidencia desafíos persistentes en la consolidación de esta habilidad fundamental en los primeros años escolares. Estas brechas no solo afectan el aprendizaje inmediato, sino que inciden en las trayectorias educativas y en las oportunidades de vida de los estudiantes.
En Alianza Educativa hemos decidido abordar este desafío de manera intencionada y sistemática. Nuestro modelo pedagógico, centrado en el estudiante y en la calidad de la enseñanza, busca que los aprendizajes fundamentales se consoliden de manera temprana y se mantengan en el tiempo. Este resultado no responde a acciones aisladas, sino a una apuesta pedagógica coherente y sostenida. Se organiza de manera intencionada para orientar la enseñanza y asegurar condiciones para el aprendizaje. El currículo, los materiales, los programas, la formación docente y el uso sistemático de la información permiten que la lectura se consolide como base y que, a partir de ella, los estudiantes avancen en sus procesos de aprendizaje.
En este marco, priorizamos el desarrollo temprano de la lectura y la escritura a través de prácticas de enseñanza basadas en evidencia, junto con el uso de materiales educativos de calidad y la implementación de programas estructurados como Aprendamos Todos a Leer (ATaL). De manera complementaria, venimos fortaleciendo este proceso a través de la articulación con herramientas digitales como el programa A Leer en Vivo, desarrollado con TICMAS, orientado al desarrollo de la fluidez y la comprensión lectora mediante el uso de inteligencia artificial y el seguimiento continuo del desempeño de los estudiantes.
En este sentido, la lectura no se limita a un espacio específico del currículo, sino que atraviesa los procesos de enseñanza y aprendizaje, permitiendo a los estudiantes comprender, interpretar y construir significado en relación con los distintos saberes. En esta línea, nuestra red de bibliotecas escolares cumple un papel pedagógico central, no solo como espacio de acceso a libros, sino como un entorno con un currículo propio orientado al desarrollo de habilidades lectoras y a la construcción de significado.
Este enfoque se fortalece a través de procesos de formación y acompañamiento docente orientados al fortalecimiento de las prácticas pedagógicas en el aula, que se desarrollan en el marco de nuestro sistema de acciones de alto impacto (SAAI), el cual permite hacer observables dichas prácticas y orientar su mejora continua.
De manera complementaria, el uso sistemático de la información orienta la enseñanza. La implementación de evaluaciones como EGRA y EGMA permite identificar de manera temprana los niveles de aprendizaje en habilidades precursoras, hacer seguimiento continuo y tomar decisiones pedagógicas oportunas. Este proceso se articula con espacios de análisis pedagógico y retroalimentación a docentes, que permiten traducir la información en acciones concretas de mejora en el aula. En este marco, el docente es el actor central en la transformación de los aprendizajes, por lo que el fortalecimiento de su práctica constituye un eje estructural del modelo.
Cuando un estudiante consolida habilidades de lectura y escritura con comprensión, se fortalece su capacidad de aprender en todas las áreas, aumenta su permanencia en el sistema educativo y se amplían sus posibilidades de continuar su trayectoria hacia la educación superior.
La lectura es uno de los elementos fundamentales para que un estudiante permanezca en la escuela y avance de manera consistente en su trayectoria educativa. Prueba de ello es que hoy, gracias a este compromiso con la excelencia, el 72% de nuestra promoción 2024 transitó de manera inmediata a la educación superior, superando ampliamente el promedio de Bogotá (43,1%) y el nacional (40,5%). Con una tasa de deserción de apenas el 0,01%, evidenciamos que cuando un estudiante desarrolla habilidades sólidas de lectura y escritura, encuentra mayor sentido en su proceso y desarrolla trayectorias educativas efectivas, permanece en la escuela y amplía sus oportunidades de vida.
La lectura es la base para el desarrollo del pensamiento, la curiosidad y la capacidad de aprender a lo largo de la vida. Por eso, nuestra convicción permanece inamovible: los estudiantes primero aprenden a leer y luego leen para aprender y comprender el mundo que los rodea.
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